iguiendo
la trágica muerte del emperador Agustín su herencia pasó a su hijo mayor y príncipe imperial.
Nacido en Valladolid el 30 de septiembre de 1807, Don Agustín Jeronimo
el príncipe imperial contaba quince años cuando se vio elevado a la
dignidad de príncipe heredero de la tierra que lo vio nacer.
¿Cuáles serían las reacciones del adolescente, en esa edad en la
que las impresiones son tan vivas, ante los acontecimientos que,
repentina e inesperadamente, encumbraron a su familia?
De manera vertiginosa debieron de pasar ante él las escenas de la
proclamación de su padre como emperador, la solemne coronación
cuando él mismo se había convertido ya en importantísimo personaje
del Imperio; la sesión inaugural de la Orden de Guadalupe, cuando
su padre le condecoró como príncipe imperial; el bautizo de su
hermano el príncipe Felipe, del que fue padrino...
Antes de regresar a México, su padre le dejó estudiando en el
colegio de Ampleforth, la famosa escuela anglo-católica romana
en Yorkshire, y se despidió con una carta en la que le recomendaba
ser "un buen hijo, un buen hermano, un buen patriota para desempeñar
dignamente los cargos que la Providencia divina te destina".
Se adivinaba de su lectura que Iturbide soñaba en que algún día
México podría quizás volver los ojos hacia su primogénito.
A los veinte años, Agustín pasó a Colombia donde permaneció hasta
1830 a las órdenes del libertador Simón Bolívar, de quien fue
nombrado ayudante, y que lo estimaba mucho.
Pero Bolívar, que sólo deseaba amparar a un joven valiente en
desgracia, ante una reclamación del ministro de Relaciones
Exteriores mexicano, mandó decir que "calmase el ánimo, pues
este asunto no le competía por mil razones".
Iturbide, joven de una serenidad notable para su edad, acompañó
a Bolívar hasta los últimos momentos de su vida. En el informe
oficial sobre la muerte del héroe (Boletín de la Academia Nacional
de la Historia, no 104. Caracas) se explica que "jugó a la manilla,
apoyado en su edecán Iturbide... que a poco le ayudó a subir la
escalera antes de acostarse".
Bolívar falleció el 17 de diciembre de 1830 y Agustín Jerónimo
regresó a su patria. El Congreso mexicano había levantado la
proscripción de la antigua familia imperial y en marzo de 1831
el ex príncipe heredero fue nombrado secretario de la legación
de México en Estados Unidos, con un sueldo de 3.500 pesos anuales;
desempeñó el cargo hasta el 29 de marzo de 1833. Al día siguiente
fue trasladado a Londres con el mismo sueldo y en 1835 pasó a
desempeñar las funciones de encargado de negocios, hasta 1838.
Refieren algunos historiadores que Agustín Jerónimo luchó como ayudante del
general Valencia durante la guerra con Estados Unidos, y que en la batalla
de Padierna se puso al frente de los soldados del regimiento de Celaya,
del que fue jefe su padre, y les arengó, diciéndoles: "¡Conmigo,
muchachos: mi padre fue el padre de nuestra independencia!". Pero
como Agustín Jerónimo y el menor de sus hermanos -el nacido cuando
ya doña Ana María era viuda y se hallaba desterrada, llevaban el
nombre de Agustín, resulta que todos esos ilustres historiadores
han sufrido un error y el episodio anterior hace referencia no al
primogénito del emperador, sino al hijo postumo, que fue quien
sirvió en las armas mexicanas y luchó en la guerra mencionada,
mientras su hermano se dedicaba a la diplomacia.
Agustín Jerónimo, el príncipe imperial, no contrajo matrimonio y
falleció en Nueva York el 11 de diciembre de 1866; fue enterrado
en Filadelfia junto a su madre. A pesar de que el príncipe imperial
nunca se casó es alegado que tuvo una hija ilegitima con una mujer
desconocida. Esta hija ilegitima después se casó con Nicolás
Fernandez de Pireola quién subsecuentemente se convirtió en el
presidente de la República del Peru
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